miércoles

CAMBIO DE SEDE VIERNES 21 DE OCTUBRE

Cambio de sede para el viernes 21 de octubre.

Les informamos a todos que el último día del coloquio "El otro: memoria, violencia y esperanza" se llevará a cabo en el Auditorio José Vasconcelos del Centro de Enseñanza para Extranjeros (CEPE) con los mismos horarios.

Por favor pasen la voz.



Mesa I
Reflexiones sobre el conflicto
cultural
Modera: Mónica Quijano
10:00 – 12:00 hrs.
1.- “Literatura y esperanza. El caso
de un filme marroquí:
Ali Zaoua. Príncipe de Casablanca
de Daniela Ivette Aguilar.
2.- “El otro. Nuestra esperanza ante
su ausencia” de Miguel Ángel Hernández Alvarado.
3.- “El camino del Zen” de Rolando
Álvarez Ramírez.


Mesa
II

La
esperanza

Modera:
Jezreel Salazar Escalante

12:00
– 14:00 hrs.
1.- “Contextualidad y memoria desde la
óptica de la filosofía intercultural” del Lic. José Alberto Reyes
López.
2.- “Mulato y esclavo: las palabras
prohibidas de
Sab” de Haydeé Salmones.

Mesa
III
Identidad, cuerpo y género
Modera: Roberto Cruz Arzabal
16:00 – 18:00 hrs.
1.- “La lucha digna por el derecho, no
sólo de alzar la voz, sino de ser escuchadas” de Paola Gisela Fuentes
Sánchez.
2.- “Cuerpos violentos” de José
Clemente Hernández.
3.-
“La configuración de la homosexualidad masculina como una perversión:
el lugar de la desviación en el psicoanálisis lacaniano” de Carlos
Alberto Vargas Prado.

Diálogo
con…
18:00 – 19:30 hrs.
        - Elena Poniatowska
Modera: Pavel Granados.


Clausura
19:45 hrs.
Sergio Ugalde Quintana
Ricardo Conde Garza
Fernando Barajas
Sonia Elling

viernes

El silencio, ¿velo que preserva la memoria del otro? (fragmento)

               

“¿Cómo dar voz a quien es considerado como un otro? ¿Cómo darle presencia  a quien, por no mostrarse o no poderse mostrar en el escenario de lo familiar, ha sido velado, difamado y condenado al silencio? Pareciera ser que la solución se halla en el testimonio; empero, a poco de emprender el camino, se descubre que el sendero propuesto no es la mejor opción; la palabra no siempre contribuye a dar notoriedad a quien ha sido incomprendido y blanco de ataques; en algunos casos propicia que el cerco que se ha tendido en torno a quien ha sido explotado, calumniado y amenazado de muerte se consolide[…]
¿Qué hacer, entonces, para que se ponga un candado a la manipulación que se ha hecho de la memoria del otro? Aunque parezca extraño, una posible opción es aceptar que el otro que es victimizado guarde silencio; expresado lo anterior, alguien objetaría que callar para preservar la memoria de los silenciados y situados en la periferia es completamente absurdo […] el silencio no se pretende colaborar con el verdugo sino evitar que sobre las víctimas caiga un doble velo: el del ocultamiento forzoso y el del ocultamiento en el engranaje de una estrategia de comunicación”

Rubén Moratilla Ramírez

¿Te interesa saber más acerca de esta ponencia? Asiste al coloquio “El otro: memoria, violencia y esperanza” el lunes 17, a las 10 de la mañana, a la mesa El testimonio. Recuerden que el propósito del coloquio no es sólo la lectura de ponencias sino el diálogo entre ponentes y público.

lunes

"Me pagué el fusil con mi dinero"

Cuatro milicianos rebeldes relatan cómo tomaron la capital y expulsaron a las tropas de Muamar el Gadafi de su fortín de Bab el Azizia y de todo Trípoli

J. M. MUÑOZ - Trípoli - 30/08/2011



Ahmed, Abdelrauf, Adnan y Bashir desconocen el miedo. O, quizás, lo conocen a fondo. Han vivido sometidos a un régimen opresor como pocos. Ninguno quiere ser soldado del nuevo Ejército. Nunca habían tocado un arma. Ahmed es contable en un banco. Abdelrauf conduce camiones. Adnan hace helados. Y Bashir no tiene trabajo. Ellos -tripolitanos, de las montañas de Nafusa o de la masacrada Misrata- tomaron la capital yexpulsaron a las tropas de Muamar el Gadafi de su fortín de Bab el Azizia y de todo Trípoli. Destilan odio y desprecio hacia el dictador. Y llegado el día, decidieron que no tenían nada que perder. "Ganaremos o moriremos", es un lema escrito en las paredes de Bengasi y de Trípoli. Lo siguieron al pie de la letra. Y han vencido. Aunque, apunta serpenteando una mano el empleado de banca: "No seré totalmente libre hasta que cacemos a esa rata".

Las camionetas con las letras pintarrajeadas de Misrata abundan en Trípoli desde hace una semana. Son los milicianos de esa ciudad quienes encabezaron el ataque contra el baluarte gadafista en Trípoli. "Fuimos los que empezamos a luchar a las ocho de la mañana del 22 de agosto en Bab el Azizia. A las tres llegó la gente de Zintán, Nalut, Yadu y Kikla, desde las montañas de Nafusa. Pero el primero en morir fue un chico de Tajura, un barrio de Trípoli, porque él nos enseñó el camino hacia Bab el Azizia. Después murieron 17 compañeros de Misrata. Había francotiradores en el tejado de la mezquita y en todos los edificios. Al día siguiente lo teníamos todo bajo control", relata Adnan Abeidi, heladero pero obseso de la informática, de 25 años, que marchó el miércoles a ver a su familia a Misrata para regresar el jueves. Luce camiseta verde y roja, dos de los colores -falta el negro- de la bandera monárquica, la que precedió a la verde impuesta por el coronel, que ahora ondea en toda Libia.

Ahmed Duebi, de 32 años, completa el uniforme. Lleva los tres colores, y en orden. El rojo en la boina; la camiseta negra y el pantalón verde. Vigila un hotel, y se esfuerza por ser fotografiado pisando el retrato del tirano, colocado en el suelo a la entrada de muchos edificios, una humillación entre los árabes cuando los zapatos andan por medio. Ahora está deseando prosperar en su profesión o como cantante de rap. Aunque deseaba entrenar para manejar baterías antiaéreas, a este tripolitano le encomendaron otras misiones. "Empecé a luchar en abril. Me fui tres días a una pequeña granja a 200 kilómetros al sur. Mis primos estaban allí y entrené con mi Kaláshnikov. Poco a poco llegó más gente, pero todo había que mantenerlo en secreto", relata Duebi.

La historia de Duebi es similar a la de tantos sublevados. Gente de pocos recursos que gastó lo que fuera necesario para sumarse a la rebelión armada. "Pagué 3.000 dinares [1.800 euros] por mi fusil", explica, "pero también familias ricas dieron dinero a los rebeldes y ayudaron a los huidos de las montañas de Nafusa hacia Túnez. Yo llevaba ese dinero". En la capital se aplastó la rebelión en las primeras semanas de la revuelta. Duebi esperó, expectante pero activo, para entrar en combate. "En Trípoli", continúa, "reuní a un grupo de amigos clandestinamente. Pero solo ocho pudieron hacerlo porque los demás no tenían dinero para comparar armas. Desde la frontera de Túnez nos llamaban los comandantes para que estuviéramos preparados. Hablábamos en clave. Días antes me avisaron, pero no me dieron la fecha concreta. El sábado 20, antes del amanecer, me comunicaron que era el día". El día del asalto a Trípoli.

"Las fuerzas de Gadafi estaban por toda la ciudad, pero en grupos pequeños. Solo había muchos soldados en lugares estratégicos. En mi célula éramos nueve y tres de ellos cayeron heridos. Los comandantes nos dieron órdenes de que cada célula solo actuara en su barrio. Conocíamos perfectamente el terreno. Los soldados de Gadafi, no. Sin embargo, tuvimos un problema grave. Según conquistábamos las ciudades, los partidarios de Gadafi huyeron a Trípoli. Nos resultaba fácil reconocer a los militares, pero no a sus seguidores sin uniforme".

Ahmed Duebi ríe ahora casi tanto como el conductor de camiones barbudo Abdelrauf Misrati, que ha visto muchísimos cadáveres. "No me afeito desde hace seis meses. Peleé en Misrata y ahora en Bab el Azizia", decía ayer bajo el estruendo festivo de los tiros al aire. Fundió sus ahorros. "Me gasté 1.800 dinares en el fusil, pero semanas después, cuando los cuarteles pasaban a nuestras manos, era mucho más sencillo conseguir armas gratis".

Las poderosas brigadas entrenadas por Jamis Gadafi fueron incapaces de mantener a raya a estos rebeldes novatos en la guerra. Sin deserciones, es difícil explicar cómo Trípoli fue conquistada en menos de una semana. Tuvieron que ser superados en número por hombres como Bashir Ibrahim, natural de Kikla, de las montañas de Nafusa, y desempleado de 27 años. Dicen algunos milicianos que es un héroe, que en su ciudad peleó como una fiera. "Maté a unos cuantos mercenarios, pero muchas personas murieron porque no teníamos apenas armas", dice sin inmutarse. Bashir no se arredra ante el peligro. "Estuve desde el primer día de la batalla de Trípoli, sobre todo en el barrio de Abu Salim. Ahí murieron muchos compañeros".

Seguramente porque son momentos de euforia, todos niegan que vaya a haber rivalidades regionales o tribales en Libia. "Cuando vimos lo que sucedió en Bengasi en febrero, nos alzamos inmediatamente en Misrata. Y ahora", concluye Abeidi, "estoy en Trípoli, nuestra capital".

Fuente:http://www.elpais.com/articulo/internacional/pague/fusil/dinero/elpepiint/20110830elpepiint_2/Tes

La paradoja de la represión en México

Fragmentos de: "Olvido" y "memoria" en la Grecia antigua

"El recuerdo es para los que han olvidado", escribía Plotino (Enneadas, 4,6,7). La doctrina e splatónica. "Para aquellos que han olvidado, la rememoración es una virtud; pero los perfecto no pierden jamás la visión de la verdad y no tienen necesidad de recordarla" (Fedón, 249,c,d). Hay, pues, una diferencia entre la memoria (mneme) y el recuerdo (anamnesis). Los dioses de que hablaba Buddha en el Dîghanikâyâ, y que cayeron de los cielos cuando se nubló su memoria se reencarnaron en hombres. Algunos de ellos practicaron la ascesis y la meditación y, gracias a su disciplina yóguica lograron acordarse de sus existencias anteriores. Una memoria perfecta es, por lo tanto, superior a la facultad de recordar. De una manera o de otra, el recuerdo implica un "olvido", y éste, acabamos de verlo, equivale, en la India a la ignorancia, a la esclavitud (=cautividad) y a la muerte.

Se encuentra una situación parecida en Grecia. No vamos a presentar aquí todos los hechos que tienen relaación con el "olvido" y anamnesis en las creencias y especulaciones griegas[...]

La diosa Mnemosyne, personificación de la "memoria", hermana de Kronos y de Okeanos, es la madre de las musas. Es omnisciente: según Hesíodo (Teogonía, 32,38), sabe "todo lo que ha sido, es y será". Cuando el poeta está poseído por la musas, bebe directamente en la ciencia de Mnemosyne, es decir, ante todo, en el conocimiento de los "orígenes", de los "comienzos", de las genealogías. "Las musas cantan, en efecto, empezando por el principio -ex arches (Teogonía, 45, 155)-, la apariencia del mundo, la génesis de los dioses, el nacimiento de la humanidad. El pasado así desvelado es algo más que el antecedente del presente: es su fuente. Remontando hasta aquí, la reminiscencia trata de no situar los acontecimientos en un marco temporal, sino de alcanzar el fondo del ser, de descubrir lo originario, la realidad primordial de la que ha surgido el cosmos y que permite comprender el devenir en su conjunto".

Gracias a la memoria primordial que puede recuperar, el poeta, inspirado por las Musas, accede a las realidades originarias. Esas realidades se manifestaron en los tiempos míticos del comienzo y constituyen el fundamento de este mundo. Pero precisamente porque han aparecido ab origine, estas realidades no se pueden percibir en la experiencia diaria. A justo título, J.-P. Vernant compara la inspiración del poeta con la "evocación" de un muerto del mundo infernal o con un descensus ad inferos emprendido por un mortal para aprender lo que desea conocer. "El privilegio que Mnemosyne confiere al aedo es el de un contrato con el otro mundo, la posibilidad de entrar y regresar libremente. El pasado aparece como una dimensión del más allá."

Por esta razón, en la medida que el "pasado" -histórico o primordial- se "olvida", se le equipara a la muerte. La fuente Lethe, "olvido", forma parte integrante del dominio de la muerte. los difuntos son aquellos que han perdido la memoria. Por el contrario, cierto privilegiados, como Tiresias o Anfiarao, conservan la memoria después del óbito. Para hacer inmortal a su hijo Etalida, Hermes le concede "una memoria inalterable". Como escribe Aplonio de Rodas, "incluso cuando atravesó el Aqueronte, el olvido no se apoderó de su alma; y ya habite en reino de las sombras, ya lo haga en el de la luz del sol, guarda siempre el recuerdo de lo que ha visto".

Fuente : Mircea Eliade, Mito y Realidad, Kairós, pp. 117-119.

martes

Otros tiempos. De la construcción de la identidad gracias a "el otro".

[...]

En el comentario sobrecogedor que ofrecía en 1982 sobre el destino de una idiota del siglo IV, tal como se narra en la Historia lausiaca, Michel de Certau supo reflejar en sustancia la estructura de esa cara nocturna de nuestra humanidad.

En aquel tiempo, refiere la hagiografía, vivía en un monasterio una joven virgen que fingía estar loca. Los demás le tomaron asco y la relegaron a la cocina. Entonces ella, tocada con un trapo, empezó a prestar todo tipo de servicios, comiendo migajas y mondaduras sin quejarse, aunque la molieran a palos, la insultaran o la maldijeran. Avisado por un ángel, un hombre santo se dirigió al monasterio y pidió conocer a todas las mujeres, incluida la que llamaban "la esponja". Cuando le fue presentada, se postró a sus pies implorando su bendición delante de las demás mujeres, que quedaron convencidas de su santidad. Sin embargo, incapaz de soportar la admiración de sus hermanas, "la esponja" dejó el monasterio y desapareció para siempre.

"Tenemos a una mujer [...]", escribe Michel de Cer. "Para su sustento le basta con ser ese punto de abyección, la nada que repele. Es lo que prefiere: ser la esponja [...]. Asume las más humildes funciones del cuerpo y se pierde en lo insostenible, por debajo de todo lenguaje. No obstante, ese desecho repugnante, permite a las demás mujeres las comidas compartidas, la identidad en los signos indumentarios y corporales predilectos, la comunicación de las palabras; la excluida hace posible toda una circulación.

Fragmento de Roudinesco, Élisabeth. Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos. Anagrama, Barcelona, 2009, pp. 19-20.